El refuerzo positivo en perros es un método de educación canina que consiste en premiar, con comida, juego o elogios, las conductas que quieres que tu perro repita, en lugar de castigar las que no te gustan. Es la base de la educación en positivo y del adiestramiento basado en la recompensa.

La sociedad de veterinarios especializados en comportamiento animal recomienda utilizar únicamente métodos basados en la recompensa en toda la educación canina, incluido el tratamiento de los problemas de conducta. Además, señala que no existe evidencia de que los métodos aversivos sean necesarios ni más eficaces.

Educar con refuerzo positivo no significa consentir todo ni llenar al perro de golosinas. Requiere constancia, buen momento para el premio y paciencia, pero es un método que sirve para cachorros y perros adultos y que refuerza la relación con tu compañero.

Qué es el refuerzo positivo en perros

El refuerzo positivo es un principio básico del aprendizaje animal. "Positivo" significa que se añade algo agradable para el perro justo después de una conducta, y "refuerzo" que esa conducta tiene más probabilidades de repetirse. Si tu perro se sienta y recibe un premio, aprenderá que sentarse compensa.

Los métodos basados en la recompensa consisten en reforzar las conductas que deseas y dejar de premiar las que no, combinándolo con cambios en el entorno para que el perro tenga menos oportunidades de equivocarse. Según la AVSAB, la mayoría de los problemas habituales de educación se pueden resolver con refuerzo positivo y manejo del entorno.

Lo que funciona como premio depende de cada perro. Algunos ejemplos de refuerzos habituales son:

  • Comida: premios pequeños y blandos, fáciles de dar rápidamente.
  • Juego: una pelota o un juguete de tirar pueden ser el mejor premio para algunos perros.
  • Elogios y caricias: palabras amables y contacto, siempre que al perro le resulten agradables.
  • Juguetes: objetos que el perro valora y solo se ofrecen durante el entrenamiento.

Beneficios del refuerzo positivo según la ciencia

Las principales sociedades veterinarias de comportamiento y varios estudios científicos respaldan la educación basada en la recompensa. Entre los beneficios más destacados se incluyen:

  • Mayor bienestar: el aprendizaje basado en la recompensa ofrece más ventajas y menos perjuicios para el bienestar del perro.
  • Eficacia demostrada: la investigación respalda la eficacia de estos métodos para abordar conductas no deseadas y que no hay evidencia de que los métodos aversivos sean más eficaces.
  • Menos estrés durante el entrenamiento: en un estudio publicado en PLOS ONE en 2020, con 92 perros de 7 escuelas de educación canina de Portugal, los perros entrenados con métodos aversivos mostraron más conductas de estrés y mayores aumentos de cortisol tras las sesiones que los entrenados con recompensas.
  • Mejor estado emocional fuera del entrenamiento: los perros expuestos a una alta proporción de métodos aversivos obtuvieron peores resultados de bienestar también fuera de las sesiones, según ese mismo estudio.
  • Mejor vínculo: los métodos aversivos perjudican el bienestar animal y la relación entre el perro y su familia.
  • Aplicable a todos los perros: las técnicas basadas en la recompensa tanto para enseñar habilidades básicas como para abordar conductas no deseadas.

Errores frecuentes y métodos que conviene evitar

Aunque el refuerzo positivo parece sencillo, hay errores habituales que pueden reducir su eficacia o confundir al perro. Entre los errores más frecuentes se encuentran:

  • Premiar tarde: el premio debe llegar en cuestión de segundos. Si le das la golosina cuando ya se ha vuelto a levantar, puede pensar que le premias por levantarse.
  • Reforzar sin querer lo que no te gusta: si el perro ladra o salta para pedir atención y se la das, puede aprender que esa conducta funciona.
  • Retirar los premios demasiado pronto: reducirlos de golpe puede generar frustración o confusión; lo recomendable es hacerlo de forma gradual.
  • Enseñar la golosina antes de la conducta: si el perro solo obedece cuando ve el premio, este funciona como cebo y no como recompensa.
  • Sesiones demasiado largas: los perros, sobre todo los cachorros, aprenden mejor con sesiones breves y frecuentes.
  • Falta de constancia: cada miembro de la familia debe usar las mismas señales y las mismas normas.

También conviene evitar los métodos aversivos. Se desaconseja utilizarlos tanto en la educación como en el tratamiento de los problemas de conducta. Además, existe una declaración específica que desaconseja aplicar la teoría de la dominancia, la idea de que hay que "imponerse" al perro.

En España, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023, prohíbe en su artículo 27 el uso de cualquier herramienta de manejo que pueda causar lesiones al animal, en particular los collares eléctricos, de impulsos, de castigo o de ahogo.

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Cómo aplicar el refuerzo positivo paso a paso

Estos son los pasos básicos para empezar a enseñar cualquier conducta con refuerzo positivo a tu perro:

  1. Elige un premio que le motive: mejor pequeño, blando y fácil de dar con rapidez, para poder repetir muchas veces.
  2. Enseña el marcador: elige una palabra corta, como "sí", o un clicker. Di la palabra o pulsa el clicker y da un premio inmediatamente. Repítelo varias veces hasta que el perro asocie ese sonido con la llegada del premio.
  3. Guía la conducta: con un premio en la mano, mueve la mano por encima y ligeramente por detrás de su cabeza para que se siente al levantar la mirada.
  4. Marca y premia al instante: en cuanto se siente, usa el marcador y entrega el premio de inmediato, antes de que cambie de postura.
  5. Practica en sesiones breves: varias veces al día y terminando siempre con un éxito, para que el perro conserve las ganas de participar.
  6. Añade la señal verbal: cuando el perro ya hace la conducta de forma fiable, di la palabra (siéntate o sit) justo antes de guiarle. Primero se enseña el gesto y después se le pone nombre.
  7. Reduce los premios poco a poco: pasa de premiar siempre a premiar de forma ocasional, sin recortar demasiado rápido para no frustrarle.
  8. Aumenta la dificultad de forma gradual: practica en otros lugares y con más distracciones, empezando por entornos tranquilos.

Para las conductas que no quieres, la estrategia se basa en tres ideas: reforzar la alternativa que sí deseas (por ejemplo, premiar cuando mantiene las cuatro patas en el suelo en lugar de saltar), no reforzar la conducta no deseada y modificar el entorno para prevenirla, por ejemplo, guardando los objetos que suele morder.

Cuándo pedir ayuda a un profesional

Muchas conductas cotidianas se pueden trabajar en casa, pero hay situaciones en las que conviene contar con un profesional. Consulta con tu veterinario si observas:

  • Gruñidos, mordiscos o agresividad: hacia personas u otros animales.
  • Miedo intenso: a ruidos, a personas, a otros perros o a determinadas situaciones.
  • Ansiedad al quedarse solo: con ladridos, destrozos o malestar evidente.
  • Cambios bruscos de comportamiento: en un perro que antes no los tenía.
  • Conductas repetitivas: que el perro no consigue interrumpir.
  • Ausencia de progreso: a pesar de trabajar con constancia.

El veterinario puede descartar causas médicas, como el dolor, que a veces influyen en la conducta, y derivarte a un especialista en comportamiento si es necesario.

A la hora de elegir un educador o adiestrador, ten en cuenta que en muchos países esta profesión no está regulada, por lo que conviene preguntar por los métodos que utiliza. Un buen profesional basará el trabajo en la recompensa, te explicará el plan y no recurrirá a la fuerza, el dolor ni la intimidación.

Consejos para educar a tu perro en el día a día

Además de las sesiones de entrenamiento, hay hábitos que ayudan a que la educación funcione. En casa puedes:

  • Empezar cuanto antes, aprovechando el periodo de socialización del cachorro
  • Usar las mismas señales y normas entre todos los miembros de la familia
  • Premiar también los momentos de calma, no solo cuando obedece una orden
  • Descontar los premios de la ración diaria para evitar el sobrepeso
  • Mantener sesiones breves y terminarlas con un éxito
  • Respetar el ritmo de aprendizaje de cada perro
  • Evitar gritos, tirones y castigos
  • Apuntarte a clases de cachorros o de educación basada en la recompensa

Los tres primeros meses de vida son el periodo principal y más importante para la socialización del cachorro. Durante esa etapa conviene exponerlo de forma segura a personas, animales, estímulos y entornos distintos, sin llegar a sobreestimularlo. Una socialización incompleta o inadecuada puede aumentar el riesgo de problemas de conducta más adelante, como miedo, evitación o agresividad.

Los cachorros pueden empezar las clases de socialización a partir de las 7-8 semanas de edad, siempre que hayan recibido al menos una tanda de vacunas siete días antes de la primera clase y una primera desparasitación, y que se mantengan al día con las vacunas durante el curso. Consulta con tu veterinario cuándo es seguro empezar.

Para estar prevenido ante cualquier imprevisto veterinario durante los primeros meses, lo mejor es contar con un seguro para cachorros que te ayude a cubrir los gastos si tu perro se pone enfermo.

También puede ser útil registrar los avances de tu perro: qué conductas trabajas, con qué premios responde mejor, cuánto dura cada sesión y en qué situaciones le cuesta más. Esta información te ayuda a ajustar el entrenamiento y a detectar si necesitas apoyo profesional.

Educar bien a tu perro también es cuidar de su salud y de tu tranquilidad. Con un seguro para perros como el de Swipet puedes afrontar consultas, pruebas diagnósticas, tratamientos y urgencias veterinarias si tu perro tiene un problema de salud. Consulta siempre las coberturas y condiciones de la póliza.

Si tu perro tiene miedo, muestra agresividad o no consigues avanzar, consulta con tu veterinario. Con constancia, paciencia y un método basado en la recompensa, puedes ayudarle a aprender, a sentirse seguro y a disfrutar de la vida contigo.