La leishmaniasis en gatos es una enfermedad parasitaria poco frecuente, pero cada vez más estudiada en zonas donde la leishmaniosis es endémica, como el área mediterránea. Está causada por protozoos del género Leishmania, especialmente Leishmania infantum, y se transmite principalmente por la picadura de flebotomos infectados.

Aunque el perro es el principal reservorio doméstico de la enfermedad, los gatos también pueden infectarse y, en algunos casos, desarrollar signos clínicos. En esta guía te explicamos qué es la leishmaniasis en gatos, cuáles son sus síntomas, cómo se diagnostica y qué medidas ayudan a prevenirla.

Qué es la leishmaniasis en gatos

La leishmaniasis felina es una infección causada por parásitos del género Leishmania. Estos parásitos pueden afectar a distintos mamíferos y se transmiten a través de pequeños insectos llamados flebotomos.

En gatos, la enfermedad clínica es menos común que en perros. Durante años se pensó que los gatos eran más resistentes a la infección, pero los estudios actuales confirman que pueden infectarse y presentar la enfermedad, especialmente si viven en zonas endémicas o tienen el sistema inmunitario debilitado.

La leishmaniasis no siempre provoca síntomas evidentes. Algunos gatos pueden estar infectados sin mostrar signos claros, mientras que otros desarrollan lesiones cutáneas, alteraciones oculares o problemas sistémicos.

Cómo se transmite la leishmaniasis felina

La principal vía de transmisión es la picadura de flebotomos infectados. Estos insectos son más activos en épocas cálidas y al atardecer o durante la noche.

El gato no se contagia por convivir directamente con un perro enfermo ni por compartir comedero, cama o juguetes. Para que se produzca la transmisión habitual, debe intervenir el vector: el flebotomo.

En zonas como España y otros países mediterráneos, la presencia de flebotomos hace que la prevención frente a picaduras sea una medida importante, especialmente en gatos con acceso al exterior.

Síntomas de leishmaniasis en gatos

Los síntomas pueden variar mucho de un gato a otro. En algunos casos, la enfermedad afecta principalmente a la piel; en otros, puede haber signos oculares, pérdida de peso o alteraciones generales.

Signos cutáneos

  • Heridas o úlceras en piel
  • Lesiones en nariz, orejas, párpados o labios
  • Pérdida de pelo localizada
  • Costras o nódulos cutáneos
  • Lesiones que no cicatrizan correctamente

Signos generales

  • Pérdida de peso
  • Falta de apetito
  • Decaimiento
  • Aumento del tamaño de ganglios
  • Fiebre en algunos casos

Signos oculares

  • Conjuntivitis
  • Inflamación ocular
  • Secreción en los ojos
  • Molestia o dolor ocular

Estos síntomas no son exclusivos de la leishmaniasis, por lo que siempre es necesario realizar pruebas veterinarias para confirmar el diagnóstico.

Factores de riesgo en gatos

No todos los gatos tienen el mismo riesgo de desarrollar leishmaniasis. La probabilidad aumenta cuando existen condiciones que favorecen la exposición al flebotomo o reducen la respuesta inmunitaria.

  • Acceso al exterior. Los gatos que salen al exterior, especialmente al atardecer o por la noche, tienen más exposición a flebotomos
  • Zonas endémicas. Vivir en áreas mediterráneas o zonas donde la leishmaniosis es frecuente aumenta el riesgo de infección.
  • Defensas bajas. Los gatos con enfermedades inmunosupresoras, como FIV o FeLV, o con otros problemas de salud pueden ser más vulnerables a desarrollar enfermedad clínica.
  • Falta de medidas preventivas. No utilizar medidas de protección frente a insectos o no revisar periódicamente la salud del gato puede retrasar la detección del problema.
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Cómo se diagnostica

El diagnóstico de la leishmaniasis en gatos puede ser complejo, porque los signos clínicos pueden parecerse a los de otras enfermedades dermatológicas, infecciosas u oculares.

El veterinario valorará los síntomas, el historial del gato, su zona de residencia y posibles enfermedades asociadas. Además, podrá realizar pruebas como:

  • Exploración clínica completa
  • Citología o biopsia de lesiones cutáneas
  • PCR para detectar material genético de Leishmania
  • Serología para valorar anticuerpos
  • Analíticas generales para revisar órganos y estado inmunitario
  • Pruebas para FIV y FeLV si el veterinario lo considera necesario

En gatos, una serología negativa no siempre descarta la enfermedad si existen signos compatibles. Por eso, en algunos casos se combinan varias pruebas diagnósticas.

Cómo prevenir la leishmaniasis en gatos

La prevención se centra en reducir la exposición a flebotomos y mantener un buen control veterinario, especialmente en zonas de riesgo. Se aconseja:

  • Evitar que el gato salga al exterior al atardecer y durante la noche
  • Usar mosquiteras en ventanas y zonas de descanso
  • Reducir la presencia de insectos en el entorno
  • Consultar al veterinario antes de usar cualquier antiparasitario
  • No utilizar productos para perros en gatos (algunos pueden ser tóxicos)
  • Realizar revisiones veterinarias si vives en zona endémica
  • Consultar si aparecen heridas, nódulos o lesiones que no cicatrizan

Actualmente, la prevención en gatos debe ser individualizada. No todos los productos repelentes son seguros para gatos, por lo que es fundamental seguir siempre la recomendación veterinaria.

Si tu gato vive en una zona de riesgo o tiene acceso al exterior, contar con un seguro para gatos puede ayudarte a afrontar revisiones, pruebas diagnósticas y tratamientos veterinarios cuando más lo necesites.

La leishmaniasis en gatos es menos frecuente que en perros, pero no debe ignorarse. Detectar lesiones sospechosas, prevenir las picaduras de flebotomos y acudir al veterinario ante cualquier síntoma son claves para proteger la salud felina. Con Swipet tu gato estará protegido ante cualquier enfermedad o contratiempo.