La displasia de cadera en perros es una enfermedad ortopédica del desarrollo que afecta a la articulación de la cadera. Se produce cuando la cabeza del fémur y el acetábulo no encajan de forma estable, lo que genera laxitud articular, dolor y, con el tiempo, artrosis secundaria.

Es más frecuente en perros de razas grandes y gigantes, aunque también puede aparecer en perros medianos o pequeños. Detectarla a tiempo permite adaptar el ejercicio, controlar el peso, reducir el dolor y valorar el tratamiento más adecuado para cada perro.

Qué es la displasia de cadera en perros

La cadera es una articulación formada por la cabeza del fémur y la cavidad de la pelvis. En un perro sano, ambas estructuras encajan de forma estable y permiten el movimiento sin dolor.

En la displasia de cadera, esa articulación se desarrolla de manera anormal y se vuelve inestable. Con el uso diario, la laxitud puede provocar desgaste del cartílago, inflamación, dolor y cambios degenerativos.

La displasia de cadera canina puede manifestarse en perros jóvenes, durante el crecimiento, o hacerse evidente en perros adultos cuando ya existe artrosis. Según Merck Veterinary Manual, los signos pueden ir desde cojera leve hasta dolor, menor rango de movimiento y marcha en “salto de conejo”.

Además, el American College of Veterinary Surgeons describe la displasia de cadera como un problema de laxitud o inestabilidad de la articulación, con un origen multifactorial donde la genética destaca como factor principal.

Síntomas de displasia de cadera

Los síntomas pueden variar según la edad del perro, la gravedad de la laxitud y el grado de artrosis asociado.

  • Cojera en las patas traseras
  • Dificultad para levantarse después de descansar
  • Rigidez al caminar
  • Menos ganas de correr, saltar o subir escaleras
  • Marcha en “salto de conejo” al correr
  • Dolor al tocar la zona de la cadera
  • Pérdida de masa muscular en las patas traseras
  • Cansancio rápido durante los paseos
  • Postura anormal o balanceo de la parte trasera
  • Irritabilidad o cambios de comportamiento por dolor

Algunos perros con displasia leve pueden mostrar pocos signos durante años, mientras que otros desarrollan dolor desde edades tempranas. Por eso, ante cualquier cambio en la movilidad, conviene acudir al veterinario.

Causas y factores de riesgo

La displasia de cadera en perros tiene un origen multifactorial. La genética es un factor muy importante, pero no es el único:

  • Genética: la predisposición hereditaria es uno de los principales factores de riesgo, especialmente en razas grandes y gigantes.
  • Crecimiento rápido: una ganancia de peso demasiado rápida durante el crecimiento puede aumentar la carga sobre articulaciones inmaduras.
  • Alimentación inadecuada: un exceso de calorías o desequilibrios nutricionales en cachorros de razas grandes pueden influir en el desarrollo articular.
  • Sobrepeso: el exceso de peso empeora la carga sobre la cadera y puede acelerar el dolor y la artrosis.
  • Ejercicio brusco durante el crecimiento: saltos repetidos, impactos o sobreesfuerzos pueden agravar una predisposición existente.
  • Traumatismos: lesiones previas pueden alterar la estabilidad articular y favorecer cambios degenerativos.

Razas con mayor predisposición

La displasia de cadera puede afectar a cualquier perro, pero es más común en razas grandes y gigantes. También puede aparecer en perros mestizos, sobre todo si tienen ascendencia de razas predispuestas. Las razas de perros más comunes que pueden padecer displasia de cadera son:

Que una raza tenga predisposición no significa que todos los perros vayan a desarrollarla. Las revisiones durante el crecimiento, el control de peso y una alimentación adecuada ayudan a reducir riesgos y detectar problemas antes.

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Detectar la displasia a tiempo ayuda a proteger su movilidad

La displasia de cadera puede requerir radiografías, seguimiento, medicación o cirugía. Una revisión temprana ayuda a elegir el mejor tratamiento para tu perro.

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Cómo se diagnostica

El diagnóstico de displasia de cadera en perros debe realizarlo un veterinario mediante exploración ortopédica y pruebas de imagen. La observación de los síntomas puede orientar, pero no confirma por sí sola la enfermedad. El veterinario puede realizar:

  • Exploración física: permite valorar dolor, movilidad, masa muscular, cojera y respuesta al movimiento de la cadera.
  • Exploración ortopédica: el veterinario puede realizar maniobras específicas para valorar laxitud articular, siempre según el estado del perro.
  • Radiografías: son fundamentales para evaluar el encaje de la cadera, signos de laxitud, subluxación y artrosis.
  • Radiografías bajo sedación: en algunos casos se recomiendan para colocar correctamente al perro y obtener imágenes fiables.
  • Pruebas complementarias: pueden ser necesarias si hay dudas, dolor intenso, lesiones asociadas o planificación quirúrgica.

La displasia de cadera canina es una condición ortopédica hereditaria común en la que la articulación se forma de manera incorrecta, causando laxitud y, con el tiempo, artritis y dolor.

Tratamiento y cuidados en casa

El tratamiento de la displasia de cadera en perros depende de la edad, gravedad, síntomas, grado de artrosis y estilo de vida del animal. Puede ser conservador o quirúrgico.

  • Control del peso: mantener un peso saludable es una de las medidas más importantes para reducir la carga sobre la cadera.
  • Ejercicio adaptado: los paseos controlados y regulares ayudan a mantener músculo sin sobrecargar la articulación.
  • Medicación para el dolor: el veterinario puede pautar antiinflamatorios o analgésicos según el caso.
  • Fisioterapia y rehabilitación: puede mejorar fuerza, movilidad y confort, especialmente en perros con dolor crónico.
  • Suplementos o nutracéuticos: pueden formar parte del manejo, siempre siguiendo recomendación veterinaria.
  • Cirugía: en determinados casos pueden valorarse opciones como sinfisiodesis púbica juvenil, osteotomía pélvica, escisión de cabeza y cuello femoral o prótesis total de cadera.

En casa, conviene evitar suelos resbaladizos, saltos bruscos, escaleras frecuentes y sobrepeso. Las camas acolchadas, rampas y paseos suaves pueden mejorar mucho el bienestar diario.

Además, contar con un seguro para perros puede ayudarte a afrontar consultas, radiografías, tratamientos, fisioterapia o cirugía si tu perro desarrolla displasia de cadera u otros problemas articulares.

La displasia de cadera en perros puede ser una enfermedad crónica, pero no significa que el perro tenga que vivir con dolor. Con un diagnóstico temprano, control del peso, tratamiento veterinario y cuidados adecuados, muchos perros mantienen una buena calidad de vida.

Si tu perro cojea, se levanta con dificultad, evita escaleras o muestra dolor en la cadera, consulta con tu veterinario. Con prevención, seguimiento y el apoyo de Swipet, puedes ayudarle a conservar su movilidad durante más tiempo.